NO ES UN ADIÓS, ES UN HASTA PRONTO. — Blog de Belén Llamas

¿Que es la muerte? ¿Quién lo sabe? Nadie ha vuelto para contarlo. Llegado ese momento, los que nos quedamos, tenemos dos caminos: sumirnos en la más absoluta tristeza, melancolía, desesperación y auto-compasión ó seguir viviendo con esos recuerdos maravillosos de la persona que nos ha dejado. Yo, sin pensarlo dos veces, me quedo con la […]

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NO ES UN ADIÓS, ES UN HASTA PRONTO.

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¿Que es la muerte? ¿Quién lo sabe? Nadie ha vuelto para contarlo.
Llegado ese momento, los que nos quedamos, tenemos dos caminos: sumirnos en la más absoluta tristeza, melancolía, desesperación y auto-compasión ó seguir viviendo con esos recuerdos maravillosos de la persona que nos ha dejado.
Yo, sin pensarlo dos veces, me quedo con la segunda opción, sin duda.
Sigo viendo tu sonrisa pícara, papá. Tu convencimiento de estar de vuelta de todo.
¡Razón tenías! Sacar adelante una familia numerosa, a la que solo veías los domingos, por la cantidad de trabajos extras que tenías, para que no nos faltara nada, tiene el mayor mérito del mundo. Te perdiste nuestra niñez sin pensarlo dos veces. ¿Como no quererte y respetarle con todo el significado de estas dos palabras?
Un tres de marzo de hace ya muchos años, perdiste las ganas de vivir. Tu hija del alma, Eva, nos dejó con 34 años, tras una penosa enfermedad. Me confesaste que ya no tenías apego a la vida y todo te daba igual. Recuerdo que fingí enfadarme y te reproché que yo tenía los mismos derechos a tu amor, como hija tuya que también era. Te quedaste blanco. No lo esperabas. Sentí mucha pena por ti, lo reconozco, pero era necesario hacerte reaccionar. Ni dos días tardaste en “adoptarme” en ese trocito de corazón que todavía conservabas.
Hemos sido uña y carne desde entonces. Te convertiste en los cimientos en los que edifiqué mi maltrecha nueva vida, y todo lo que hiciste por mi, no hay nada en el mundo con qué pagarlo.
Sé que aunque nos has dejado, eres muy feliz porque donde sea, estás, después de 24 años, con tu amada Eva.
Sé que nos quedó una conversación pendiente. Ya no importa. Me conformo con que horas antes me dieras las gracias por todo lo que había hecho por ti. Una y mil veces volvería a hacerlo.
Has sido el mejor padre del mundo, y me siento muy orgullos de haber sido tu hija. ¿Cono no echarte de menos si formabas parte de mi mundo? Pero, eso si, siempre con una sonrisa.
Te quiero mucho, papá.